Gran Reserva Por Rosa María González Lamas el

Aunque el mundo del vino no está exento de imperfecciones, en él he conocido escasísimos malos malísimos y ninguno como Vicente Cortazár, el patriarca villano de “Gran Reserva”, la serie de Televisión Española cuyo retorno a la pantalla muchos aguardan.

Para muchos consumidores, la calificación “Gran Reserva” equivale al más alto nivel de excelencia en el vino. No obstante, lo que primordialmente define esta categoría es tiempo de envejecimiento de éste, algo que no siempre es garantía de calidad, dado el hecho de que a ésta la ensamblan muchísimos más factores que el mero tiempo en barrica.

Al igual que el término puede entenderse de una manera no del todo fidedigna, hay que ser cauteloso en utilizar la serie “Gran Reserva” como referente de lo que es el mundo del vino y un espacio para aprender sobre él. Si bien la exposición televisiva ha estimulado un interés turístico por Rioja, en opinión de muchos profesionales del vino, la serie ha confundido mucho a los espectadores porque presenta cosas que en el mundo del vino no son realmente así.

Memorable para mí y bodegueros de a de veras, aquella escena en que Lucía Reverte llegaba a recoger uvas en viña con un atuendo digno de pasarela de moda y en medio del proceso, gritar como heroína que había que detener la recogida porque había mildiu. El mildiu es una enfermedad de la vid ocasionada por un hongo, el calor y la humedad que se combate muchísimo antes de vendimia. Tampoco se cortan tempranillos en tacos, el trabajo es durísimo y sería imposible mantener el equilibrio cargando cajas sobre piedras, como las de algunas viñas riojanas.

O las pequeñas salas de barricas de las bodegas en cuyos limitados envases sería muy difícil verter las cantidades de vino de las que se habla en la serie.

Y por supuesto, ningún bodeguero de corazón  —destacables por su generosidad—  se prestaría a quemar adrede sus viñedos, porque la viña es como un hijo que las bodegas cada vez miman más, en lugar de destruirla.

Hace un tiempo, conversé sobre esto con “Vicente Cortázar”, quien me confirmó que para él el vino realmente nunca había sido importante, sino un artículo más para hacer negocio, como pudo ser cualquier otro producto. Por supuesto, las declaraciones las hizo su alter ego, ese grandísimo actor español que es Emilio Gutiérrez Caba, un gastronómo de excepción que incluso ha escrito un libro sobre vino y cine, un personaje de vino mucho más fascinante y genuino en su rol de sí mismo que como el terrorífico don Vicente.

Porque cuando Gutiérrez Caba se desviste de este personaje y se coloca una verdadera piel de uva, declara no poder imaginarse un paisaje sin “un horizonte humano donde la gente dé lo mejor de sí para transformar la vid en vino”.

En televisión, como en el aprendizaje sobre vinos, asegúrese de buscar referentes que le cuenten el vino como realmente es para que pueda apreciarlo con sensibilidad de la buena, y no como el decorado de una serie.

*La autora probó su primera gota de vino con pocos días de nacida. Probablemente así Rosa María González se interesó en él. Desde San Juan, escribe del planeta sabor en www.viajesyvinos.comwww.foodsfromspain.com y Magacín.