Por Samuel Mújica
Especial SAL!
Prácticamente a todos, cuando pensamos en Brasil nos llegan a la mente imágenes de carnaval, de las enormes comparsas con carrozas de monumentales proporciones y ejércitos de bailarines ataviados espectacularmente que hasta ayer desfilaron por todo el país.
Otros pensarán en su selección de fútbol, la única en haber ganado cinco campeonatos del mundo. O en su equipo de baloncesto y su amigable rivalidad con el de Puerto Rico. O en su música; la samba, el bossa nova, la música popular brasileira… O en figuras representativas como Xuxa, Pelé, Ronaldo, Ronaldinho Gaucho, Roberto Carlos, Simone, Caetano Veloso, Sergio Mendes o hasta Nelson Ned.
Pocos, ciertamente, pensarán en su gastronomía. Conocer Brasil es depararse con una sabrosa fusión de ritmos, colores y sabores. Como la Isla, hablamos de un país mestizo, influenciado por los efectos que la colonización dejó como legado a este lado del Atlántico; donde europeos y africanos arribaron a tierras indígenas por diferentes circunstancias del destino, pero cuyo cruce sentó las bases para la riqueza cultural que distingue cada país.
Por eso, para cualquier boricua amante de la comida criolla y con espíritu aventurero, iniciarse en la tradición gastronómica brasileña no debe ser traumático.
Brasil es un país de una gran diversidad cultural, que visto por regiones nos sorprende por las diferencias de sonidos y gustos. Rápidamente se percibe una cocina difícilmente generalizada por todo el país, aunque sí encontramos puntos de convergencia: la feijoada es considerada el plato nacional, la caipirinha es su bebida por excelencia y el prato feito (arroz blanco, habichuelas, carne encebollada al sartén y ensalada de lechuga y tomate) es el almuerzo típico de cualquier brasileño.
A grandes rasgos, ir al sur es encontrarse con la tradición gaucha, gente que domina como nadie el arte de la barbacoa y la carne asada a la parrilla; del churrasco, como le llaman ellos (no piense que se refieren al conocido corte de carne). El sur, por su fuerte presencia de inmigrantes alemanes y clima más templado es una tierra de tradición vinícola y chocolatera.
Subiendo nos deparamos con Sao Paulo, donde la concentración de diferentes culturas es mayor que en el resto del país. La influencia que allí ha tenido la migración de italianos, japoneses, coreanos, sirios o turcos convierten su oferta en una de las más variadas de América del Sur. Pero, sin dudas, la pizza es el plato rey: Sao Paulo es considerada la capital de la pizza del mundo, con la mayor concentración de pizzerías por metro cuadrado del Planeta. Pero la pizza brasileña no es como la de cualquier lugar; entre los ofrecimientos encontrará de todo, excepto salsa de tomate, queso mozzarella o pepperoni.
Más al norte está el estado de Minas Gerais, cuya comida, probablemente, es la que más semejanza guarda con la criolla. El minero, sin embargo, es más opíparo a la hora de incluir acompañantes al plato. Arroz blanco, habichuelas rosadas, lomo y chicharrón de cerdo, es la base que encontrará confeccionada de diversas maneras. No incluyen el culantro en la condimentación, pero su uso del perejil es magistral.
También se distinguen por sus quesos, sus dulces y el famoso pao de queijo (pan de queso, confeccionado con queso y harina de yuca extra fina).
Luego está la costa: Río de Janeiro o, más al norte, Bahia. Ambos se caracterizan por echar mano de los frutos del mar, con la diferencia de que la bahiana es dada a una fuerte condimentación, la abundancia de aceites y el uso del coco como base de salsas y guisados. Hoy día, las posibilidades de experimentar la gastronomía brasileña son pocas en la Isla; sólo queda Pizzaiolo y próximamente Bossa Nova reabrirá en otro local. Ya sea en uno de éstos, en Miami o Nueva York (ciudades de alta concentración brasileña), o si, mejor aún, tiene la dicha de visitar el país, no se cohíba.
Prepare su paladar y láncese a la conquista de nuevos sabores. Se sorprenderá.
Prácticamente a todos, cuando pensamos en Brasil nos llegan a la mente imágenes de carnaval, de las enormes comparsas con carrozas de monumentales proporciones y ejércitos de bailarines ataviados espectacularmente que hasta ayer desfilaron por todo el país.
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