Me sabe a dulces típicos Por Paul E. González Mangual el

Recuerdo cuando corría patineta allá en la costa oeste de nuestra isla, en donde al final de la calle vivía una pareja de viejitos muy carismáticos que tenían de pasatiempo una tiendita de dulces. Mis amigos y yo frecuentábamos su casa para escuchar las anécdotas de tiempos pasados y comprarles los deliciosos dulces que tenían en su inventario. Contaban con marrallo, dulce de coco rallado, pilones, gofio, dulces de leche, limbers, bombones, patas de gallina, entre muchas otras golosinas.

El origen de nuestros dulces tropicales van muy de la mano con la mezcla de razas que se produjo a principios de nuestra colonización. Los taínos, españoles y africanos nos dejaron un impecable legado culinario que abrió las puertas a una fusión de sabores que hoy disfrutamos en nuestras mesas. Según la escritora Berta Cabanillas de Rodríguez, la herencia dulcera se la debemos a la dieta básica de verduras de los taínos, la influencia española con el turrón de almendras, el vino, las pasas, las nueces y el merengue y, finalmente, a las manos hábiles de los esclavos africanos de donde brota el sabor azucarado del dulce típico puertorriqueño.

Ese tradicional sabor toma un giro diferente en el año 1985 cuando Don Pedro Rivera, comenzó a confeccionar los tradicionales dulces típicos y a venderlos a sus amigos y familiares. Don Pedro utilizó el coco y el ajonjolí como sus principales ingredientes y la acogida fue tanta que rápidamente se reconoció en su pueblo de Moca convirtiéndose en los dulces predilectos de sus compueblanos.

En el año 1996, la segunda generación Rivera, capitaneada por su hijo Carlos, tomó las riendas de la pequeña empresa que solo contaba con tres empleados, tres productos y un gran apetito por crecer. El espíritu emprendedor de Carlos puso en marcha un plan maestro que comenzó con la ampliación de la fábrica y con el nombre por el cual se conocería la empresa, Dulzura Borincana.

El sueño de ver prosperar la empresa que su padre comenzó en los años 80 llenaba de energía a este joven para trabajar innumerables horas inventando y formulando la receta ideal con el fin de hacer de esta aventura tropical una exitosa. A la par con las largas horas de trabajo, a Carlos lo acompañaba su novia y ahora esposa, Carmen Ríos, ayudándolo y motivándolo en cada paso que daba. Para este dúo dinámico no existía una barrera o situación que los pudiera detener en su afán de internacionalizar los verdaderos sabores de nuestra cultura puertorriqueña. Tanto es así que al poco tiempo adquirieron nuevas maquinarias, más empleados y comenzaron a trabajar con nuevos sabores como la guayaba, mangó, naranja y la piña para resucitar una industria local que poco a poco desaparecía de nuestros recuerdos.

Actualmente, Dulzura Borincana es la empresa líder en la producción de dulces manufacturados de frutas, semillas y vegetales a nivel nacional y cuentan con una extensa cartera de sabores, mezclas y empaques que son exportados a todos los rincones del mundo a través de miles de puntos de ventas como las megatiendas, supermercados y otras tiendas por departamento.

Hoy, a 30 años de su concepción, la visión de Don Pedro Rivera continúa materializándose en cada dulce que se fábrica en el pueblo del Mundillo. Sin duda alguna, todos los puertorriqueños nos podemos sentir orgullosos de que el legado gastronómico de nuestros antepasados sigue vivo gracias a Dulzura Borincana.

***Nota: El autor es un joven aguadillano de 28 años, adicto al café y socio de PR Gourmet Products (distribuidores de productos gourmet hechos en Puerto Rico). Consíguelo enFacebook o en Twitter @paulegonzalez.